miércoles, 25 de octubre de 2017

Lagunas de un Asesino (Remastered)

Capitulo de mi diario personal numero 1:

Yo antes era feliz


Hoy he soñado con el pasado. En este sueño me sentía desconcertado, como confuso. Una mujer chillaba, mi mujer; Dos niños lloraban, eran mis hijos; Había sangre en el suelo, yo lo miraba, y mi mujer me azotaba la cara, después, cogía el teléfono, marcaba el 112. Lo único que recuerdo decir era “¿Que pasa? ¡¿Que ocurre?!”, yo también lloraba mientras veía a mis hijos, que rehuían de mi mirada, tenían miedo, mi mujer tenía miedo, yo tenía miedo. Y lo veo, como una sombra al final de la sala, con un cuchillo en la mano. Lucas Avellaneda.

Me desperté cuando un jardinero me roció con el agua de la manguera mientras dormía en un banco del parque, tapado con unos cartones. Tengo que buscar unos nuevos.

Pero ese nombre, Avellaneda, como lo odio, me saca de quicio, por su culpa estoy aquí, en este parque con unos cartones mojados y con un bocadillo de hace una semana que me encontré en una papelera mordido. El me arrebató mi vida, mi familia, todo.

La verdad es que no recuerdo muy bien lo que pasó, se que llegué a casa de trabajar, mi hija menor no había hecho los deberes, me enfadé con ella porque no me obedecía, así que la castigué sin salir de la habitación hasta que acabase las tareas de clase. Cuando fui hacia la cocina para buscar algo para beber, fue cuando me fijé, ahí estaba el, frente a mi. Después solo recuerdo sangre en el suelo, mis hijos llorando, mi mujer entrando por la puerta de casa. Ella grita, ella me pega, ella llama a la policía. La policía llega a casa. Y me quedo sin casa y sin familia, por un papel que pone “Orden de Alejamiento”.

De eso hace ya cuatro años. Cuatro años que han sido en vano. Estaba totalmente acabado, así me sentía, era un desgraciado tirado en la calle, los otros vagabundos se reían de mi, me robaban las cosas. Me acuerdo en especial de uno, Michael Straczynski, ese bastardo americano de sesenta y tres años que robaba vino de las iglesias para emborracharse. Se cuenta que una vez apuñaló a un cura que no le dejaba llevarse el vino, pero que le ofreció ayuda. Straczynski era un antisemita ateo, según los rumores, se rió en su cara y entonces lo mató. No se si es cierto, la verdad es que en la calle se cuentan historias para impresionar y ser respetado, hubo una vez un tipo, que murió arrojado por un coche, que dijo que una vez fue capaz de levantar un auto con las manos para salvar a unos niños, que irónico.


Hubo un día en especial, me acordaré siempre de ese día. Yo salía de la iglesia tras escuchar el sermón del Padre Salvador Larroca, en el que alegaba que teníamos que perseguir nuestros sueños y nuestras metas, para ser felices, vivir en paz, y así hacer más sencilla nuestra misión para llegar al cielo con el señor, y tener nuestras almas en armonía. Ese sermón se me quedó en la cabeza grabada. Recuerdo que cuando salí, Straczynski estaba sentado al lado de la puerta, esperando a que todos salieran y así robar el vino. El padre Salvador se dio cuenta de ello, y le escuché rumiando acerca de el. Al día siguiente, los habituales de los sermones del padre Salvador recibimos el mensaje de que había sido agredido y se encontraba en el hospital, nadie podía creerlo, no tenía sentido, es decir, ¿Quién le haría semejante cosa a un hombre tan honrado y noble? Hubo un detalle que me hizo pensar, la bodega de vino había sido asaltada ese mismo día. Sí, ese jodido alcohólico.

Esa misma noche, con las palabras del padre Salvador en mente, fui en busca del americano, no era complicado, todas las noches se iba a su cabaña personal, era una casa derruida en las afueras con un colchón robado, y muchas botellas de vino que después revendía para sacarse algo de dinero. Y como cada noche, ahí estaba, acostado en ese colchón roído por las ratas, durmiendo con una botella en la mano. Que rabia, y ese cerdo era respetado. ¿Porqué el merecía estar ahí? Tranquilo, feliz. Y yo durmiendo en cualquier parque o cualquier matorral que me encuentre, siendo menospreciado por mi misma calaña.
Agarré una roca de las que habían tiradas y se la lancé en el estomago. Rápidamente reaccionó despertándose y vomitando, tras eso me miró con lagrimas en los ojos, preguntándome porqué le hacía eso, le contesté, que porque no merecía otra cosa. Me rogaba una y otra vez que le dejase tranquilo, que sería un buen hombre, que se había equivocado. Acto seguido el antisemita ateo comenzó a rogar perdón a Dios.

Mis manos me temblaban de nervios y miedo, pero ya había comenzado, tenía que tener el valor para conseguir mis metas, y vengar al padre Salvador. Me abalancé sobre el y lo comencé a golpear en la cara hasta que noté que uno de mis nudillos de la mano derecha se me desplazó hacia arriba. El dolor me invadió el cuerpo, y mi mente se nubló. Miré el rostro de Michael, ensangrentado con una mezcla de su sangre, la mía y vomito. Sin pensar y envuelto de rabia e ira, agarré una botella de vino que tenía al costado de su “cama”, la misma que antes tenía en la mano a medio beber, y se la metí en la boca. Empujé con todas mis fuerzas metiendo la botella hacia dentro. Straczynski se removía sin parar, sin poder moverse por el peso que le infligía al estar sobre el, y el de la roca que le aplastaba el estomago. Agonizaba, no podía respirar, hasta que su mandíbula inferior se rompió junto sus dientes, pero yo no cesé de insertar la botella hasta que esta estalló, y la sangre comenzó a brotar de su boca.

Después de eso me miré a las manos, y comencé a gritar de terror, pero solo durante un instante, me convencí de que era lo correcto, y lo era. Una vez recobrada la compostura, busqué por los bolsillos del muerto en busca de un mechero.

Al día siguiente, tras ser despertado por el agua de la manguera del jardinero del parque, y tirar a la basura el cartón mojado, vi un periódico tirado en el suelo, donde contaban la noticia en primera plana, de “Un abrumador asesinato a un sin techo que la policía estaba investigando”.
En el articulo añadían “(...)La victima del asesinato, cuyo agresor se está investigando, fue encontrada con quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo, junto el resto de la zona donde habitaba.(...)”. Cuando fuí capaz de darme cuenta, tenía una sonrisa dibujada en el rostro.